ALGUNOS POEMAS





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A ti; Infelicidad



Escucho por mi andén tu voz de bicha
y siento andar tu neura por mis sienes
sabiendo por mi seso que, si vienes,
pretende hacer tu mal romper mi dicha.

Es más que mi desgracia, mi desdicha,
si sacas tus billetes y no tienes
un sitio de pernocta y bien te atienes
a hacerlo por mi casa, falsa y ficha.

Espero en los andenes de mi vida
retrasos cuando vagas por mi vía,
o un cambio hacia un desvío a vía muerta.

No habrá jamás ninguna bienvenida
a mi feliz estar que no sabía
cerrar a mi estación, no abrir tu puerta.


Juanjo Almeda

ESTRÉS Y ASFALTO




Cada día los días me pasan su factura
por no tener saldado aquel impuesto
impuesto por la ley de la impaciencia.

Cada día bullicios me recuerdan
cualquier hueco de paz donde ampararme
movido por momentos de fatiga.

Cada día recorro la condena
del acoso perpetuo del estrés y el asfalto.

Y pienso qué habrá sido de lo inerme.
De la quietud afable de la noche.
De la tranquila tarde sin mi ocaso.
De la mañana fresca sin agobios.
De la paciencia del mundo y
la sonrisa del alba.


Juanjo Almeda


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ES TIEMPO...

           


Es tiempo para hablar de cualquier cosa
si el tiempo en que vivimos lo permite,
si el verbo de un pedante no rebosa,
o el cargo de tu lengua no dimite.

Es tiempo de saber qué mide un verso
si cuentas con los dedos de tu mano.
Es tiempo de saber de este universo.
Es tiempo de ignorar al Ser ufano.

Es tiempo de expeler a la derrota
que vino y no se sabe adónde llega.
Tiempo de resarcir a un alma rota;
es tiempo de operar, si alguna es ciega.

De cruzar la barrera más cercana,
lejana o intermedia, de las manos.
Y para que entre sol por tu ventana.
Si el tiempo es honesto. Y somos humanos.


Juanjo Almeda


   


     LA PIEL DE LA INOCENCIA



Mientras que la inocencia me delata
un espíritu llano está en su piel.
Me arropa como abejas a su miel.
Y hasta en la cuerda floja se desata.

Comer de su malicia no me mata.
Se aferra como tren a su rïel;
el perro con su dueño no es tan fiel
al lado de esta ingenua con mi bata.

La piel de la inocencia ahora esconde
debajo de la faz de una chumbera
la caja de recuerdos de mi infancia.

El fruto de esta tuna corresponde
a aquello que brotó en mi piel primera
regado con la flor de la ignorancia.


Juanjo Almeda
                                                             


                                                          
Hablaré de ti
el tiempo que me queda

                                                 
                                                  A ti; Málaga.



Qué digo de la tierra que bendice
a olivos, a un mar de plata y al vino,
si ya lo dice todo aquel camino
que halló Cartago desde aquel fenice.

Cómo narrar lo que al reloj le dice
el viento del pasado y su destino.
Recuerdos en vestigios son el sino
de que nunca su tiempo cicatrice.

En ti, colmado en oros varios vivo.
Y son tesoros donde el sol respira
los aires puros de no ser cautivo.

De ti, me halaga tanto ser nativo,
por ver que el mundo por tus ojos mira,
bebiéndose en su caldo tu cultivo.

Qué decir de la patria que dejara
poder crecer a esto que ahora es hoy.
Dejar nacer a esto que yo soy.
Qué decir, de la tierra que me ampara.

Si alguna vez mi sangre no me hablara
podrán saber mis gentes que me voy
a aquel lugar oscuro al cual estoy
tratando siempre de volver la cara.

Y me iré, como gira cualquier rueda.
Con todo aquello que por ti rodaba.
Quizá algún día por morirme ceda.

Y aunque me calle, y aunque hablar no pueda,
me oirán decirte, sin ninguna traba,
que pienso amarte lo que en ti me queda.


Juanjo Almeda



Cedo (a) la palabra



Pienso que se me da mejor oír que hablar.
A veces pienso que mi acento no se entiende.
Por eso, cederé la voz a mi palabra.
En ella no hablo extraño. Su voz escucharé.



Juanjo Almeda





Tu alimento
Mi alimento



Aliméntate del agua.
Por tu cuerpo que navegue.
Aliméntate del fruto
que meciéndose florece.

Aliméntate de plata,
del reflejo de los peces.
Aliméntate de risas,
de palabras, de la gente.

Aliméntate de abrazos,
de amistad, de la esperanza.
De caricias y de besos,
de los besos de una cara.

Aliméntate del fuego
de pasión descontrolada.
Del cariño, del amor.
Y, si quieres, de mi alma.


Juanjo Almeda

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  Queridos reyes magos:


Este año nuevo,
pido lo mismo que el año pasado;
ya lo sabéis; dinero, amor, salud...
Pero, este año, traedlo para todos,
incluso para aquellos que no han sido
tan buenos por las causas de sus vidas.
Y, no quiero olvidar, pedir paz, para el mundo.

La salud, si es posible, mejor que la anterior.
Aunque transijo con molestias
con la que tengo ahora.
Sé que, de lo que os pido, hay bastante demanda.

Hablando del dinero,
no os he pedido mucho los años anteriores,
y, aquel que ya se fue, jamás
ya volverá. Así que, a todo aquel que venga,
daremos fiel refugio.

El amor... Qué pedir para el amor...
Simplemente, que sea por siempre el mismo. Que,
desde el año que viene, ligado a lo que importa,
no tenga que pedirse en un escrito.
Que la magia de él mismo más la que hay en el hombre
estén junto a la vuestra bien unidas de noche
entre los sueños,
cada día a cada alba; flotando en el ambiente.

Queridos reyes magos,
como no he sido malo apenas,
y como no me habéis fallado casi,
aunque, en vuestros envíos, sí que hubo algún retraso
--y aguardo la esperanza por la paz
que hablé en otras misivas--,
hoy escribo esta carta, esta enésima epístola,
a vuestras majestades.


                               Atte.  Juanjo Almeda